LA ADMINISTRACIÓN VALENCIANA LE PONE LA PUNTILLA AL SECTOR APÍCOLA

Este año 2020, en un contexto de Decadencia mundial de la apicultura, este oficio milenario, está en la cuerda floja, al límite de la rentabilidad, asfixiada por problemas sanitarios e inmersa en una crisis de precios y de mercado. Después de 3 años consecutivos de mínima producción y precios de ruina, cada vez es más difícil sacarle rendimiento a una explotación apícola y muchas veces el mantener vivas las colmenas es casi un milagro. La apicultura valenciana está amenazada y la Conselleria le pone la puntilla, negándole las ayudas agroambientales y proponiendo sanciones económicas desorbitadas a los productores apícolas.

La apicultura es un oficio imprescindible para nuestros ecosistemas naturales y agrarios. La escena de pintura rupestre representada en la cueva de la araña Bicorp constituye la primera imagen de recolección de miel a nivel mundial y está incluida en el arte rupestre levantino que fue declarado por la UNESCO en 1998, bien de interés cultural Patrimonio de la Humanidad. Es un símbolo universal de la apicultura que nos habla de que hace unos 7000 años las primeras sociedades productoras de nuestro territorio ya tenían una relación primordial con la apicultura.

La apicultura valenciana ha sido pionera en el estado español y ha ocupado una posición dominante en la segunda mitad del siglo XX y queremos que siga siéndolo también en nuestros días. La Comunidad Valenciana que alberga ese santuario mundial de la apicultura dónde prácticamente nació nuestra apicultura, es el territorio que más está sufriendo la crisis apícola y dónde está más herida de muerte, sin ayudas agroambientales y en estado continuo de persecución.

Los costes de producción han subido ininterrumpidamente mientras que los precios no se incrementan en proporción desde principios del año 2000. La importación de partidas de miel a bajo coste y de dudosa calidad supone una competencia desleal frente a nuestras producciones de calidad, ya que genera una presión a la baja en los precios del mercado interior, poniendo en peligro la rentabilidad de las explotaciones apícolas. La crítica situación del sector está provocando un abandono progresivo de la actividad y los jóvenes buscan otras alternativas fuera de la apicultura.

La situación sanitaria también es muy preocupante, la Varroosis sigue siendo la principal causa de debilidad de nuestras colonias de abejas. Una parte considerable de la mortalidad actual de colmenas se debe directa o indirectamente a los efectos de este ácaro parásito.

Los efectos directos y persistentes del parásito Varroa destructor, presente en nuestras colmenas desde hace 35 años, junto con la pérdida de vigor e infecciones secundarias que induce, son la principal fuente de debilidad y mortalidad de colmenas.

La lucha de los apicultores contra la Varroosis es sin tregua y supone un alto coste de explotación, tanto en mano de obra como en tratamientos acaricidas. Además en esta línea deberían apoyarse proyectos de investigación y a los apicultores que opten por alternativas viables a los productos acaricidas de síntesis tradicionales.

El futuro de nuestra apicultura pasa por hacer un manejo sostenible y tener alternativas eficaces y económicamente viables para el tratamiento acaricida contra Varroa destructor.

Toda esa situación sanitaria y de mercado está afectando a las abejas y diezmando sus poblaciones y con ello los beneficios de la polinización. Resulta paradójico que mientras en muchos países luchan por tener suficientes colmenas para cubrir sus necesidades de polinización. Por el contrario, en nuestra Comunidad Autónoma, lamentablemente, la apicultura no está a penas valorada e incluso está penalizada.

El último ejemplo reciente de ignorancia y amenaza medioambiental, es el intento de la Administración valenciana de modificar la Ley de ganadería e imponer sanciones de hasta 60.000 euros por producir miel de azahar. La solución definitiva al problema de la aparición de semillas en las plantaciones de cítricos, pasa por establecer una correcta planificación de las plantaciones citrícolas presentes y futuras, puesto que no debería haber problemas si no se plantan variedades compatibles en parcelas adyacentes y la administración, en este caso la Conselleria d’Agricultura, debería actuar como mediador para que una de las dos parcelas cambie de variedad. Esto sería lo más razonable y así se reconocía en el preámbulo de los primeros decretos, pero después de más 25 años se sigue penalizando sólo a los apicultores, sin exigir a los citricultores que ordenen sus plantaciones.

Esta presión negativa continuada sobre los apicultores ha provocado un abandono de la actividad apícola en la Comunidad Valenciana y que en los últimos 15 años se haya perdido casi una cuarta parte de su censo. Esta normativa también ha coartado la incorporación de jóvenes apicultores, dificultando el necesario relevo generacional, al tener impedido el acceso a la floración del azahar, lo cual va claramente en contra de las directrices estratégicas que la Unión Europea viene manteniendo en los programas de la Política Agraria Comunitaria.

Las abejas de miel representan entre un 60-90% del total de insectos polinizadores. Pero su abundancia es patente en entornos agrarios, tanto porque son llevadas las colmenas para aprovechar algunas floraciones como por la evidente decadencia de otros polinizadores en estos medios hostiles. Así, es habitual que las abejas melíferas supongan más del 90% de las visitas que reciben las flores de las plantas cultivadas.

Las abejas melíferas son generalistas, es decir, que recogen el néctar o polen de una gran diversidad de plantas, que pueden ser polinizadas en mayor o menor grado, asegurando de forma proporcional su supervivencia.

Además, las abejas melíferas viven en colonias que pueden mantener cierta actividad durante todo el año, al menos durante algunas horas al día, con lo que extienden la acción polinizadora en el tiempo. Si a estas cualidades añadimos las posibilidades de la apicultura, que permite llevar colmenas cerca de plantas cultivadas y silvestres, estimularlas para intensificar la polinización en épocas frías o controlar su densidad para conseguir una fructificación adecuada, disponemos de un potencial insustituible para garantizar la producción natural y agraria.

Las Administraciones todavía están a tiempo de ponerle remedio y darse cuenta que los productos apícolas pueden importarse de cualquier parte del mundo pero lo que no puede importarse es la polinización y es eso lo que hace que la apicultura sea imprescindible para nuestros ecosistemas naturales, agrarios y la salud de todo el planeta. Sin abejas no hay agricultura, sin abejas no hay alimentos, sin abejas no hay no hay vida. S.O.S abejas y apicultura patrimonio de la humanidad.

Servicios Técnicos de APIADS

Enrique Simó Zaragoza / Fernando Calatayud Torto

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