Entrevista a Salvador Andrés Santonja PDF Imprimir E-mail
ApiTemas - apipolinización y flora
“He recuperado la cultura apícola de nuestros antepasados”
por Fernando Calatayud y Martí Domínguez

Fotos entrevista: Miguel Lorenzo

    Nacido en Alcoy hace 67 años, apicultor y naturalista, es el encargado del Depósito Municipal de Abejas de Alcoy, una iniciativa que tiene como objetivo recuperar los enjambres que entran en la ciudad y gestionar su uso forestal como agentes polinizadores en las zonas degradadas o quemadas.
Salvador Andrés es un hombre delgado y espigado. Sus ojos grises, vivos y dotados de vida, bailan en unas órbitas profundas, protegidas por unas grandes gafas, medio agrietadas en un extremo. Habla con vehemencia, con un entusiasmo contagioso, provocando con sus palabras un zumbido constante, un runrún lleno de ideas sensatas, de puntos de vista nuevos, sobre la naturaleza, sobre la relación del hombre con el medio ambiente, sobre la necesidad de proteger las abejas. A veces es como un espejismo inesperado, como si muchas de aquellas cosas fuesen de una evidencia tan clara que nos maravilla no haberlas pensado antes. Otras veces provoca la risa, porque lo que dice parece un despropósito, una fantasía de un hombre quizás demasiado habituado a vivir solo por las montañas de L’Alcoià. Y, sin embargo, a medida que vamos desgranando su discurso –aquel alud de palabras que intentamos retener, a menudo infructuosamente– vamos comprendiendo la profundidad de todo ello, nuestra mente se va empapando de su filosofía igual como nuestros ojos se adaptan cuando entramos en una habitación oscura. O más bien al revés, porque este hombre es deslumbrante. “Pasé tres años acampado en la sierra de la Grana observando las abejas”, dice mientras saca del bolsillo una agenda electrónica. Y lee, recordando un dato: “Enjambre en casa de Jordi, en el jaral, el día…”. Salvador toma nota de todo, es un observador nato, un hombre paciente, en quien contrastan sus modales rústicos con una visión de la naturaleza sorprendentemente avanzada.
Desde que era un niño se dedica a la apicultura. Hace cerca de veinte años padeció una lesión en la columna vertebral, y desde entonces vive con una pequeña pensión. A partir de aquel momento decidió no explotar comercialmente sus colmenas y tomar nota del comportamiento de las colonias. Eso le condujo a reconstruir los vasos tradicionales con cerrillo (Hyparrhenia hirta), una gramínea usada tradicionalmente para albergar las colmenas. Estas colmenas construidas por Salvador Andrés son fascinantes: un trabajo artesano exquisito, una auténtica filigrana de marquetería e ingenio. Son colmenas sin explotación melífera, exclusivamente ideadas para servir de refugio a las abejas y para que ayuden a la polinización. “Todas las plantas tienen derecho a ser polinizadas, desde la ruda al gorromino…”, dice con una sencillez enternecedora.
Desde hace unos pocos años, el Ayuntamiento de Alcoy lo ha contratado para que controle los enjambres de abejas que entran en la ciudad. Desde las laderas de la sierra de Mariola, donde Salvador lleva las colmenas con abejas recolectadas en la ciudad, se distribuyen por diferentes zonas del término de Alcoy, por la Font Roja, por la sierra de Aitana, por la Mariola. Según Salvador Andrés, las zonas incendiadas se repueblan mucho más rápidamente si hay abejas que ayuden en la polinización. Por eso, con la ayuda del Ayuntamiento de Alcoy y de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), se han creado en las zonas incendiadas unos puntos de acción polinizadora donde se instalan las colmenas.
Se hace difícil de parar, nos lo quiere enseñar todo: la zona de aparejamiento de zánganos y reinas, en el barranco del Saladurer –que se llama así por el mote “de un hombre que mataron los civiles, parece que hacía contrabando”–; las colmenas ecológicas que fabrica ahora para los masoveros; cómo se trabaja el abellatge (cerrillo), o, como él dice, “almel•latge”, “porque es una planta que sirve para hacer la miel”… El fotógrafo Miguel Lorenzo también parece contagiado por una especie de efervescencia: todo es singular, todo es atractivo, todo es fotografiable. Salvador Andrés derrama entusiasmo por el mundo de la apicultura –de la apicultura ecológica, añadiría él– y por la defensa del medio ambiente.

¿Cómo le nació su afición por las abejas?
Cuando iba a párvulos –cuando era un cagó– el maestro don Luis nos sacaba todos los jueves al campo. Este maestro ejerció una gran influencia en mí. Tenía colmenas, y nos explicaba la maravilla del mundo de las abejas. Como veía que yo prestaba más atención, me animó a acompañarlo los sábados y domingos, cuando salía a buscar enjambres. Los capturaba en las paredes del túnel del tren. Él me enseñó lo más rudimentario, los distintos métodos de recolección… Después me compré el libro de Karl von Frisch… eh…

…La vida de las abejas…
Sí, y así así aprendí las cosas teóricas… Sobre todo este hombre de nombre extranjero, tan extraño, me llamó la atención… “El santo forastero siempre es más milagrero”, dicen, y quizá por eso lo leí con mucha atención… Entonces cayó en mis manos un libro titulado La colmena rascacielos del padre Dugat, y eso me animó a construir colmenas, me puse a carpintero, ahorrando con mis hermanos para poder comprar madera, e hicimos hasta treinta colmenas…

Pues usted ha hecho de apicultor profesionalmente…
¡Hombre, claro! Cuando aprendes el oficio, te enseñan los distintos métodos de explotación. Te dicen: la miel se hace así y asá… Y después para distraerte te cuentan algunas anécdotas sobre las abejas y los zánganos… Pero cuando tuve que retirarme de mi oficio por problemas en la columna vertebral, me dediqué a observar las abejas de mis colmenas. Los apicultores dicen que a las abejas hay que quitarles la miel porque si no se hacen holgazanas y no trabajan. Es una cosa bien sabida entre los del gremio… Y eso a mi me inquietaba. Yo quería saber cómo quedaba una colmena a la que no le sacaban nunca la miel… Entonces dije: ¡ahora no le saco la miel! Como tenía la paguita… [Ríe.] Pasaba horas y horas observando las abejas, ya no tenía ninguna prisa… Entonces, un día me avisaron de un mas donde había unas viejas colmenas y donde revoloteaba un enjambre. Me acerqué, limpié la colmena, quité todas la telarañas y toda la basura de polilla y la dejé preparada para enjambrar… ¡Ah! ¡Me cago en la mar salada!… ¡De golpe veo que el enjambre se va directo a la basura que había extraído! Che, ¿cómo es eso? Y entonces fue cuando comencé a entender cómo encontraban las abejas el lugar apropiado para hacer la colmena.

¿Y cómo lo encuentran?
Hay que decir que yo llevaba mucho tiempo buscando los motivos que hacen que un enjambre vaya de un sitio a otro… Desde el tiempo que acompañaba a don Luis me intrigaba el motivo que hacía que una colmena se instalara en las grietas de las rocas… ¿Cómo encontraban las abejas exploradoras el emplazamiento apropiado para hacer el nido? Durante un tiempo, probé los propóleos, después, la cera caliente, la miel caliente… Las abejas venían, se llevaban en la patitas los propóleos o la cera, pero el enjambre seguía sin aparecer. ¡Puñeta! Por eso, aquel día en el mas entendí que lo que localizaban las abejas exploradoras no eran los propóleos, ni la cera, ni… ¡Era la basura de la polilla Galleria mellonella tras comerse los viejos panales de la colmena! ¡Los residuos después de apolillarse los panales!

¿Pero Galleria mellonella no es una plaga de las abejas?
¡Eso es lo que dicen los apicultores!, pero se equivocan: ¡Es su aliado! Es un agente desinfectante, que limpia la vieja colmena de esporas y de microorganismos, y habilita el recinto comiéndose la cera. Los hechos demuestran que cuando en una colmena nueva, novísima, pones en la base excrementos de polilla, los enjambres vienen uno detrás de otro. ¡Hablo de veinte años de observación!… Primero llegan las abejas exploradoras, después el enjambre. A veces pasa que llegan abejas exploradoras de dos enjambres distintos… ¡Y menudas batallas se organizan! Las que defienden la plaza, las recién llegadas… el suelo se llena de abejas exploradoras muertas… Por eso, a esta sustancia la denominé esencia de abeja, o bien esencia milenaria, porque he observado que en la sierra muchos de aquellos emplazamientos naturales pueden tener miles y miles de años de existencia…

¿Qué función tienen las abejas exploradoras?
Comunicar a las otras abejas exploradoras que han encontrado un buen sitio para construir la colmena y defenderlo hasta que llegue el enjambre. Una vez llega y coloniza el habitáculo, las abejas maestras construyen los primeros panales. Pero como la primera cría no dispone de polen aún, porque el polen que han llevado las abejas está crudo y no es digestible, entonces deben volver a la vieja colmena y llevar el polen viejo… Las abejas mezclan el polen con miel, para que ésta reblandezca la cutícula de los granitos de polen y sea digerible por las larvas. Esta sustancia se denomina pan de abeja…

¿El pan de abeja es polen macerado con miel?
Sí, igual que nosotros ponemos las aceitunas en conserva y en maceración, las abejas hacen lo mismo con el polen. En valenciano se llama àmec.

¿Este es el alimento principal de las abejas?
Sí, las abejas, en contra de lo que la gente piensa (incluso los mismos apicultores) comen muy poca miel, y tan sólo cuando no tienen pan de abeja a su alcance. Pero si el polen no está bien macerado con miel, las abejas no lo pueden digerir, se indigestan.

¿Cómo construyen la colmena?
Las obreras se posan en las paredes de la colmena y las abejas maestras, las arquitectas, suben hasta el techo y se disponen cabecita con cabecita, culito con culito, hasta formar una especie de tapiz… Y empiezan a hacer paredes rectas… Ahora quiero recuperar la abeja autóctona –que yo no he visto nunca– y que hacía los panales en espiral. Los abuelos del pueblo la llamaban abeja caracolera.

¿Y cómo es que se ha perdido?
Se ha perdido la cultura de hacer panales en espiral… Yo tengo la idea de que las abejas maestras se pasan de generación en generación la información de cómo hacer las colmenas. Es una cuestión de imitación. Pensad que las abejas maestras no se reproducen, por tanto creo que la cuestión de la forma de los panales no se transmite por vía hereditaria, sino cultural… Las abejas maestras tienen alumnos jóvenes y les enseñan la manera de construir el panal.

¿Cómo empezó a interesarse por las abejas como polinizadores?
Cuando me dieron la baja decidí dedicar todo mi esfuerzo a mejorar la vida de las abejas. Porque el mundo de la apicultura está demasiado condicionado por las cuestiones económicas… Yo ya lo entiendo, ya… Pero quise construir unas colmenas donde las abejas no pasasen frío en invierno, y por eso las volví a hacer con cerrillo. Me daba igual que fuesen más pesadas y difíciles de mover y de trasladar. Empecé a recuperar la cultura apícola de nuestros antepasados, que era mucho más respetuosa con las abejas. Poco a poco he conseguido unas colmenas bastante decentes… ¡Y qué bien que pasan ahora el invierno y el verano! También para evitar los depredadores decidí colgar las colmenas en alto, porque el 80% de los enemigos de las abejas vienen del suelo. El escorpión, el lagarto, la lagartija, las hormigas… Por aire, hay muy pocos, el abejaruco, el lobo de las abejas… La única plaga imparable ha sido la Varroa… Pero la tendencia natural de las abejas silvestres es hacer las colmenas en alto. Para evitar las hormigas, embadurno la base de los barrotes de los que cuelgan las colmenas.

También pone sal en las colmenas…
Sí, para que las abejas no vayan a los orines de las cuadras, donde cogen muchas enfermedades, les pongo sal.. Cuando tienen el buche lleno de agua lo sueltan sobre la sal… y beben.

¿Cómo es que lo ha contratado el Ayuntamiento de Alcoy?
Porque entraban muchos enjambres a la ciudad. Las abejas hacían las colmenas en las persianas, en grietas de los muros, en sitios muy incómodos. ¡Incluso he encontrado alguno en el radiador de un coche! Por eso yo, con mis colmenas instaladas en los parques de la ciudad, y con esta esencia que las atrae, evito que los enjambres nidifiquen en sitios inconvenientes.. Hay colmenas en la Glorieta, en el parque de Trencacaps, en el Romeral… Y en el Círculo Industrial. Los jardineros se encargan de decirme cuándo la colmena se ha llenado. Una vez tienen enjambre las colonias, se instalan en los puntos de polinización forestal. Pero como necesitaba un punto donde concentrar las colmenas, el Ayuntamiento nos ha cedido en terreno municipal un espacio por treinta y cinco años. Y desde allí, desde el Depósito Municipal de Abejas, las distribuimos por el término.

Para las zonas quemadas parece que es bueno…
Sí, hemos observado que si implantamos en una zona devastada por el fuego unas cuantas colmenas, ésta se regenera mucho más rápidamente. Las abejas facilitan con su polinización la reforestación de la zona.

Una última pregunta, ¿qué miel le gusta más?
[Bajando los ojos y murmurando:] No me preguntes por mieles o perderemos la amistad…

Salvador Andrés hace un gesto burlón. Desde que ha abandonado el oficio de apicultor, no ha querido volver a extraer miel de las colmenas. La conversación ha sido verdaderamente fructífera. Nos ha descubierto una nueva visión de la apicultura, lo que él denomina apicultura ecológica. Una apicultura dedicada exclusivamente a la polinización. Ahora nos ha revelado aspectos fantásticos de la vida de las abejas. “Id con cuidado, que yo emborracho”, nos dice mientras se despide de nosotros. Y es cierto. Mientras hacemos el camino de vuelta, sentimos que, por momentos, nos baila la cabeza.
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    © MÈTODE. Universitat de València