Una-varroa-cada-vez-mas-virulenta PDF Imprimir E-mail
ApiTemas - apipatologia y sanidad

Fernando Calatayud, Biólogo
Enrique Simó, Veterinario
SSTT de apiADS


Esta es la apreciación que tienen los apicultores después de lidiar sin tregua durante casi 20 años con este fatídico parásito de las abejas. En lo referente a la sanidad apícola, los dos últimos años han sido bastante dramáticos por los efectos del “Síndrome de despoblamiento”. Las pésimas condiciones climatológicas, marcadas por una intensa sequía, han actuado como detonantes de un decaimiento general de las colmenas, en el que también pueden haber colaborado otros factores según las regiones. como la nueva Nosema (Nosema ceranae, tóxicos ambientales como ciertos insecticidas persistentes de nuevo uso, el efecto insistente de las virosis y de su vector por excelencia, la Varroa. Todos ellos pueden haber influido en que este síndrome haya sido el peor declive apícola en muchos años y a nivel nacional. El elevado número de colmenas que mostraron despoblamiento muy grave, con un porcentaje de mortalidad entre el 30-50 y una marcada disminución del rendimiento, han determinado este episodio que ha llegado a ser, en muchos casos, más grave que el primer embate de la Varroa a finales de los 80.

En lo que llevamos del 2006, los indicios son más favorables, no obstante la gravedad de la situación pasada ha provocado que se inicien varios proyectos de investigación sobre estos intensos cuadros de despoblamiento en las colmenas. Hay cambios que justifican con creces este estudio: Una nueva Nosema, nuevos tóxicos ambientales y una nueva Varroa, que parece que embiste con una renovada virulencia. Conoceos muy bien a la Varroa que nos colaron en 1986, pero ¿Es la misma después de 20 años? .Algunos cambios han detectado los científicos para rebautizarla con el nombre de Varroa destructor. No debemos olvidar que sigue siendo la peor lacra de la apicultura mundial, que no hay que bajar la guardia ni menospreciarla por ser una plaga más conocida. Sería incluso muy conveniente incluirla en los nuevos programas de investigación, estudiar los cambios que puedan hacerla más virulenta y su responsabilidad en la pérdida crónica de vigor de nuestras colmenas en los últimos años. En los párrafos siguientes detallaremos algunos aspectos que pueden ser relevantes para comprender a la “nueva” Varroa.

Pérdida de eficacia de los productos acaricidas.

Es muy posible que el primer responsable de estas malas vibraciones con la Varroosis sea la disminución generalizada de la eficacia de los acaricidas empleados para combatirla. Llevamos muchos años confiando en las mismas materias activas, no más de tres, que hemos usado con demasiada generosidad y muy poca coordinación. Con esta reducida oferta de acaricidas, la confianza inicial se ha tornado, después de 20 años, en incertidumbre.

Actualmente hay tres acaricidas de síntesis registrados en España como medicamentos veterinarios para su uso contra la Varroosis de las abejas. Los tres se administran mediante tiras que se suspenden entre los panales, con lo que parece que hay unanimidad en la forma de aplicación más ventajosa. Estas tiras de material plástico están impregnadas con el acaricida, que las abejas van adquiriendo cuando las rozan y van distribuyendo por toda la colonia. Han ido cambiando los métodos de aplicación hasta converger en estas tiras, pero no lo han hecho las materias activas usadas, que son básicamente las mismas o de naturaleza muy similar, y a las que Varroa va acostumbrándose cada vez más. Es una realidad tangible que el ácaro ya no muere tan fácilmente como hace 20 años. Se han descrito casos de varroas tolerantes al fluvalinato, amitraz, coumafos y flumetrina en uno o varios países, según estudios realizados en los últimos diez años. Este año se ha publicado un trabajo realizado conjuntamente por investigadores de la Diputación General de Aragón y de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza en el que constata experimentalmente la existencia de varroas tolerantes al fluvalinato en España. Este es uno de los problemas más acuciantes de la lucha contra la Varroosis, la pérdida progresiva de eficacia de los acaricidas y la falta de renovación de las materias activas, que dificulta en gran medida el control de la Varroosis. Ni los apicultores ni las abejas se pueden permitir seguir en esta situación de gran dependencia de la lucha química, con la espada de Damocles de los residuos siempre sobre los productos de las colmenas. Es muy razonable que los apicultores traten con productos comerciales registrados, pero no es tan razonable pagar los elevados precios de estos productos, máxime cuando hay problemas de resistencias constatados. El coste del control de la contra Varroosis puede suponer del 15-20% de los ingresos obtenidos por la actividad, y esto no es compatible con la baja rentabilidad, consecuencia de los bajos precios de la miel y los elevados costes de produción. Es muy urgente que la Administración contemple una financiación suficiente de estos tratamientos y que se registren nuevas materias activas contra la Varroosis, para no dilapidar tiempo, dinero y los ánimos de los apicultores. Es una lástima que esto no se haya plasmado en el recién publicado Real Decreto 608/2006 para la lucha contra las enfermedades de las abejas.

También resulta descorazonador que ahora que se están haciendo esfuerzos para implantar la lucha integrada contra plagas, es decir, un control que integre los métodos biotecnológicos, orgánicos y químicos de síntesis, precisamente para reducir el uso de estos últimos al máximo, este Decreto implante un tratamiento químico obligatorio para todos los apicultores. Entonces, ¿Qué mensaje les llega a todos los apicultores que realizan algún tipo de lucha biotecnológica para demorar el uso de acaricidas? Los apicultores de zonas frías, en las que hay una parada de cría más o menos prolongada, pueden llegar a controlar la Varroa razonablemente con menos de un tratamiento por año, compaginando los métodos culturales y la lucha química. Ahora, por Decreto, deben tratar con un acaricida autorizado, sin una evaluación previa sobre el nivel de parásitación y lo que es más grave, con la incertidumbre de las resistencias. En Europa se intenta reducir el uso de plaguicidas para eliminar problemas de residuos, resistencias y proteger a la sociedad de la suciedad de estos productos en el ambiente y este Decreto impone un tratamiento por año sin contemplar la lucha integrada. Todo un atraso, un dispendio de dinero y trabajo en algunos casos, muy desmoralizador para aquellos apicultores que muy sacrificadamente intentaban aplicar métodos no químicos de lucha contra varroa, incluso la selección de abejas tolerantes a Varroa podría verse paralizada con la aplicación de este Real Decreto.

Es más, este Real Decreto sigue transponiendo de una forma rígida los métodos veterinarios usados en otros sectores ganaderos muy diferentes a la apicultura. A algunos les resulta costoso asumir que las colmenas de abejas no pueden estabularse; que cuando se mueren no hay cadáveres que eliminar; que las enfermedades apícolas no tienen repercusión en la salud humana y por ello no generan la alarma social que otros sectores ganaderos ya han disparado en repetidas ocasiones; ni siquiera la miel o el polen de abejas tiene la misma responsabilidad a nivel de salud pública que la carne de pollo, de ternera o la leche, porque su consumo por habitante y año es infinitamente menor y porque su producción todavía es más natural.

En este Real Decreto se alude muchas veces a la “autoridad competente”, pero los apicultores no ven en los veterinarios oficiales esta competencia en sanidad apícola porque, en la mayoría de los casos, carecen de la formación apícola adecuada y difícilmente pueden ofrecer a los apicultores el mismo asesoramiento que dan a otros ganaderos. El apicultor, tal y como están las cosas, es el principal agente sanitario y esto debería reflejarse en el Decreto. No se puede legislar a espaldas de los apicultores, es muy injusto que un veterinario oficial les exija el cumplimiento de unas normas rígidas y, en algunos casos, desproporcionadas, que pueda imponerles sanciones muy severas si no las cumplen, pero que no les pueda dar nada a cambio, ni el más mínimo asesoramiento en temas de sanidad y producción. No hablemos de la asistencia a pie de colmenar. Es lamentable que después de 20 años de una plaga tan grave como la Varroosis no se haya tenido en cuenta estas particularidades en un Real Decreto que atañe tanto a los apicultores, que siga adoleciendo de errores atávicos y que continúe rezumando un ideario veterinario inflexible que no ayuda a mitigar los graves problemas sanitarios de la apicultura.

Ante el panorama no muy alentador de falta de eficacia de los acaricidas, la necesidad de nuevas materias activas y la urgencia de una financiación específica para el control de la Varroosis en España, parece que este Real Decreto, en gran parte, ya ha nacido obsoleto. Mientras tanto, no existen soluciones fáciles, hay que exigir a la Agencia Española del Medicamento que acepte el registro de nuevas materias activas, tenemos que establecer una estrategia de rotación de acaricidas y coordinar al máximo los tratamientos contra Varroa en el tiempo y en el espacio. Este y otros objetivos pueden conseguirse con mayor eficacia en el marco de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria Apícola. Los problemas de resistencias y residuos generados por la lucha química contra varroa, nos obligan a afrontar el futuro con mayor coordinación y disciplina.


Cambios en el comportamiento de Varroa

Antes ya se ha mencionado el cambio de nombre científico que ha sufrido nuestra Varroa, que ha pasado de tener el apellido “jacobsoni” a “destructor”. Esta modificación trata de actualizar los datos que se acumulan sobre Varroa a medida que avanzan los estudios sobre ella y parece que éstos no hacen sino confirmar los malos augurios que se ciernen sobre la apicultura a causa de los efectos de este terrible parásito. Se han encontrado diferencias morfológicas y genéticas entre las varroas que persisten en el sureste asiático y las que habitan en las colmenas europeas o americanas. Estas diferencias se han acumulado desde que este ácaro se convirtió en nuevo inquilino de las abejas de razas europeas y durante este tiempo parece que ha cambiado lo suficiente para constituir una nueva especie: Varroa destructor.

El parásito original, Varroa jacobsoni, saltó de Apis cerana a Apis mellifera hace ya 60-70 años. La introducción artificial de las abejas europeas en esta zona de Asia desencadenó el mayor desastre apícola a escala mundial, porque la transferencia de la Varroa no podía haber ocurrido de forma natural debido a las barreras orográficas y desérticas que separaban estas dos especies de abejas desde hace millones de años. Además de los problemas propiamente apícolas, este desastre también es social y económico por los problemas que el déficit de abejas está ocasionando en la polinización de plantas cultivadas y silvestres en muchas zonas del planeta.

El cambio de huésped ya le supuso a Varroa algunos ajustes en su biología pero hemos sido los apicultores con los continuos tratamientos acaricidas los que hemos impuesto a la Varroa una mayor presión. Son varias décadas forzando los cambios en el parásito para soportar la fuerte presión de los acaricidas, y el ácaro nos lleva delantera. Tal vez sin ser conscientes de ello hemos transformado la Varroa original en otra más destructiva. Ahora tenemos una varroa mejor adaptada a la biología de nuestras abejas y cada vez más resistente a los acaricidas que empleamos para combatirla.

En el apartado anterior ya se han mencionado las resistencias los acaricidas. Pero más que de resistencia, que es un término absoluto, es más apropiado hablar de tolerancia, que es más fiel al fenómeno biológico que progresa con el uso de biocidas contra una plaga. Actualmente podemos decir que el ácaro varroa es más tolerante a las materias activas que se usan habitualmente para combatirla. La tolerancia engloba en realidad diversos mecanismos que el parásito pone en marcha para defenderse de estos tóxicos que de forma artificial aparecen en su medio ambiente, que es el interior de la colmena. Se tiende a asociar la tolerancia de Varroa frente a un acaricida exclusivamente a su capacidad para eliminar o neutralizar fisiológicamente esa molécula tóxica. Pero no debemos olvidar que el ácaro puede optar también por otras formas de evadir la acción de estos productos. Son mecanismos de tolerancia que implican cambios en el comportamiento que les pueden ser ventajosos porque disminuyen el tiempo de exposición a los tóxicos, aumentando su supervivencia.

Un cambio en el comportamiento de varroa que encaja muy bien en este contexto sería una disminución del periodo forético. Esta es la fase del ciclo que pasa sobre las abejas adultas después de salir de una celda de cría y su significado biológico parece ser el tiempo que necesita alimentarse de la hemolinfa de las abejas adultas para llegar al estado de madurez reproductiva. Según la bibliografía se sitúa entre los 4 y 14 días. Puede haber una foresis más prolongada cuando la varroa se ve forzada a permanecer sobre las abejas durante periodos de ausencia de cría de abejas, bien por la invernada o por sustitución de la reina. En cualquier caso, los acaricidas sólo pueden atacar al ácaro durante esta fase, ya que no hay ningún tóxico que atraviese el opérculo y actúe eficazmente en el interior de la celda de cría. A mayor periodo forético, mayor probabilidad de que una varroa sea afectada por el acaricida, de ahí la recomendación de que se realicen los tratamientos con la mínima presencia de cría operculada.

Desde el punto de vista del parásito, le resultaría ventajoso reducir al máximo este periodo para eludir el contacto con el tóxico: Si en una población de varroa hay individuos que necesitan 10 días para madurar y otros necesitan 5 días, en presencia de acaricidas, estos últimos tendrán mayor probabilidad de sobrevivir. A la vista de la variabilidad de esta fase, con la elevada presión selectiva que suponen los tratamientos periódicos aplicados a las colmenas y teniendo en cuenta que durante 20 años se han sucedido más de 300 generaciones de varroa, no es nada improbable que varroa haya reducido su periodo forético.

Las implicaciones de una reducción del periodo forético pueden explicar algunas observaciones de los apicultores y ciertos datos sobre la pérdida de eficacia de los acaricidas. Por un lado, daría respuesta a numerosos apicultores que manifiestan que ya no ven tantas varroas como antes encima de las abejas, ya que una reducción de este periodo implicaría que en un momento determinado habría más ácaros que antes en el interior de la cría. Por otro, justificaría la pérdida generalizada de eficacia de los acaricidas en presencia de cría operculada, que también han percibido apicultores y técnicos a través de la observación y de la realización de ensayos de eficacia. Pongamos un ejemplo: El ácaro Tropilaelaps, que ya nos resulta conocido por ser otra amenaza para la apicultura mediterránea, no puede estar sobre las abejas más de 2 días, hecho que lo hace casi inaccesible a los acaricidas; si la Varroa redujera su fase forética a 4-5 días, la población de ácaros sobre las abejas en un momento determinado (en presencia de cría operculada) no iría más allá del 20% y los acaricidas sólo podrían acceder de forma inmediata sobre esta pequeña fracción de parásitos. Aunque la reducción del periodo forético no deja de ser una hipótesis que debería ser confirmada por trabajos experimentales, tiene un encaje muy bueno en la problemática actual y en la dificultad creciente de la lucha contra Varroa. Pero, al mismo tiempo, no hay que descartar otros cambios en el comportamiento de varroa que también pudieran resultarle ventajosos.

Evolución de Varroa  en colmenas debilitadas.

Aunque la sequía está detrás como causa última, no podemos olvidar que ha habido otras anteriores más prolongadas que no han tenido efectos tan letales sobre las colmenas, por lo que cabría preguntarse qué nuevos factores han concurrido en esta ocasión. Ya se han comentado los efectos subletales que ciertos plaguicidas de uso reciente pueden haber tenido sobre las colmenas situadas en zonas de girasol, maíz, algodón o ciertos frutales. Se habla de los efectos de una nueva Nosema, Nosema ceranae, recientemente descubierta en nuestras abejas por un equipo de investigadores del Centro Apícola Regional de Marchamalo (Guadalajara). No hay que olvidar a la “nueva” Varroa, bien sea por ella misma o a través de las virosis que induce y que cada vez merman más la vida de las abejas. Seguramente todos estos factores han tenido su importancia, algunos más en ciertas regiones que en otras, y todos han contribuido a acentuar los efectos de esta nueva sequía.

Está claro que “a perro flaco todo son pulgas” y este refrán es plenamente aplicable a esta situación. La sequía nos ha hecho ver claramente que las abejas andan cada vez más acosadas por infecciones diversas que les causan una pérdida de vigor casi crónica y les acortan su esperanza de vida. Esto se traduce a nivel de la colmena en un despoblamiento más o menos acusado (que con la sequía se ha vuelto grave) y una mayor incidencia de patologías infecciosas oportunistas.

Aunque no se tenga clara la responsabilidad de algunos factores, lo que no debemos olvidar es que la Varroa también aprovecha estas circunstancias de debilidad de las colmenas. En estas colmenas despobladas, el parásito aumenta su población a un ritmo mayor que en las colmenas populosas y existen algunas razones que nos pueden ayudar a comprender el alcance de los efectos de la Varroosis durante estos últimos años.

Las colmenas despobladas tienen un índice ABEJAS/CRIA muy bajo. Este índice intenta hacernos ver que cada larva necesita un número mínimo de abejas nodrizas para ser criada óptimamente. Quiere decir esto que cuando hay pocas nodrizas, las larvas sufren carencias, tanto en la calidad del alimento, como en la cantidad y también en la temperatura del nido. Todos estos factores redundan en un retraso en el desarrollo de la cría y una prolongación de la fase de cría operculada: Lo normal son unos 12 días, pero en colmenas débiles puede llegar casi a 13. Como sabemos, la duración de este periodo repercute directamente en la multiplicación de Varroa: Cuanto más dure la fase de cría operculada más s hijas alcanzan la madurez antes de nacer la abeja. En el caso de la cría de zánganos, este efecto es muy superior, dado que ésta suele situarse en la periferia del nido y su duración en estas colmenas puede superar los 15 días.

Los apicultores observadores se habrán dado cuenta de otro fenómeno que incide en las colmenas debilitadas por Varroosis o Micosis. Si en un colmenar comparamos la extensión del nido de cría de colmenas sanas y otras afectadas de una de estas dos patologías, en una situación fuera de la arrancada primaveral y exceptuando colmenas en estado terminal de Varroosis, nos daremos cuenta de que invariablemente, la superficie y el nº de panales de cría es mayor en las colmenas enfermas. Esto puede parecer chocante, pero mientras las colmenas con Varroa o momias de pollo escayolado no se colapsen, intentan criar más para compensar la pérdida de abejas debida a estas patologías. En un intento de restablecer la relación óptima de ABEJAS/CRIA, estas colmenas sobrecargan sus nodrizas con un exceso de cría, lo que en vez de ayudar empeora su situación. Las nodrizas se sobrecargan, la temperatura del nido baja, la nutrición de las larvas es insuficiente y estas colmenas caen en la situación comentada anteriormente: En la cría enfriada la micosis se encuentra más a gusto y la prolongación de la cría operculada aumenta la tasa de multiplicación de Varroa.

Hemos exceptuado de esta situación la arrancada primaveral porque en estas condiciones las colmenas sanas y con una reina normal superan con creces a las colmenas debilitadas o con reinas de calidad inferior. Aquí se impone la capacidad máxima de puesta de la reina y una sana proporción de ABEJAS/CRIA. En estas condiciones, la cantidad de cría aumenta en las colmenas sanas a tal velocidad que las hembras de Varroa sólo pueden infestar una pequeña proporción de celdas, con una repercusión ligera en estas colmenas. En cambio, las colmenas debilitadas, con un potencial menor en primavera, van a tener una proporción de cría infestada creciente y su pronóstico va a ser malo incluso en una época favorable. Esta suele ser la explicación más probable de por qué en primavera persisten en un mismo colmenar, colonias sin efectos aparentes y otras con un nivel inesperadamente alto de infestación.

Pero además, en estas colmenas debilitadas se descuidan otras labores normales de la colonia y esto también tiene una repercusión clara en el curso de la infestación por  o en el pronóstico de la micosis. Disminuye el comportamiento higiénico de extracción y eliminación de la cría afectada, que aunque en el caso de la Varroosis no sea muy eficaz, sí lo puede ser en el caso de la micosis o loque americana.

En resumen, todos estos factores nos llevan a una conclusión bastante clara: Los efectos de Varroa se acentúan en las colmenas debilitadas por cualquier causa, son más intensos que en las colmenas vigorosas y, por lo tanto, deben haber jugado un papel muy importante durante estos dos últimos años de sequía, en los que ha habido muchas colmenas debilitadas en las que la Varroa puede haber precipitado su situación.

Patologías asociadas a la Varroosis.

La Varroosis ha actuado de detonante para algunas virosis ubicuas de las abejas y también ha sido el vector que nos ha introducido nuevas virosis (como el virus de Cachemira). El efecto más pernicioso de estas virosis es la disminución progresiva de la vida de las abejas. Este efecto se acentúa con la infestación de Varroa. Así, desde la entrada de la Varroosis podemos decir que las colmenas padecen infecciones casi crónicas de virus alentados por la parasitación de Varroa y que éstas conllevan una disminución crónica de la esperanza de vida de las obreras. El efecto en las colmenas no es fácil de detectar, sólo los apicultores experimentados, o los que vivieron antes de la era de la Varroa, pueden llegar a percibir estos efectos en sus primeras fases. Las obreras no duran tanto, se mueren de forma natural pero mucho antes, con lo que no hay abejas muertas en la piquera ni en el colmenar pero sí se nota un ligero despoblamiento en las colmenas.

Con infestaciones ligeras y medias de Varroa puede ya iniciarse este fenómeno y aunque no se vean los ácaros, sí que pueden percibirse estos efectos. Para observarlos se pueden comparar las arrancadas primaverales de colonias con una infestación ligera-media de Varroa y otras con una infestación casi nula.

Muchos de los casos de micosis y loque americana también tienen una relación directa con los efectos de Varroa. Hemos podido comprobar durante la realización de ensayos de eficacia de acaricidas, cómo después de una fuerte infestación aparecían colmenas con síntomas de loque o micosis. Es muy posible que los casos de loque y micosis observados en los últimos años sean consecuencia de este rebrote de la Varroosis.