LA PERSISTENCIA DE LA VARROOSIS Y SUS SECUELAS PDF Imprimir E-mail
Apitemas - apipatologia y sanidad
Fernando Calatayud Tortosa
Enrique Simó Zaragoza
Servicios Técnicos de la Agrupación de Defensa Sanitaria
 

Ya antes del grave episodio de debilidad y mortalidad de colmenas registrado a finales de 2004 y relacionado directamente con un periodo de clima muy seco, se habían observado síntomas de debilidad y, en algunos casos aislados, también pérdida acusada de colonias. Entonces todavía no sabíamos que una nueva Nosema circulaba por los intestinos de nuestras abejas; sí sabíamos de los posibles efectos que una nueva hornada de plaguicidas podían estar causando en las colmenas que pecoreaban en campos de girasol, maíz, algodón, colza o frutales; también percibíamos como después de unos años de relativa calma, la Varroosis se oía cada vez más en las conversaciones de los apicultores, se hacía otra vez frecuente esa ansiedad que todo aquel que ha manejado colmenas en el era de la varroa siente cuando llega al colmenar y observa los efectos de este parásito de forma algo inesperada.

Actualmente hay en marcha varios proyectos de investigación que se han centrado básicamente en tres aspectos que podrían tener relación con el grave episodio de 2003-2004: El papel jugado por ciertas virosis de las abejas, los efectos de los nuevos plaguicidas usados en agricultura y comprobar hasta que punto ha influido el complejo Nosema, ahora formado por dos especies.

Durante estos años se ha vestido el síndrome de despoblamiento con demasiado sensacionalismo y confusión. Sobre las causas de la intensa pérdida de colmenas, los apicultores que la padecieron todavía siguen algo perplejos. Los proyectos de investigación que hay en marcha sobre este síndrome deben echar luz sobre tanta penumbra, deben de contribuir a poner límites al sensacionalismo y a las declaraciones aventuradas que sólo generan escepticismo y desesperanza entre los apicultores. No obstante, esperamos que en los citados proyectos guarden algún apartado para Varroa, porque parece que por poco novedosa se ha quedado apeada entre los principales candidatos a ser causa de despoblamiento.

Pero creemos que los efectos de la Varroosis y sus infecciones asociadas se han intensificado en nuestras colmenas. Desde hace 3-4 años hemos venido constatando una mayor incidencia de Varroa, no sólo en las colmenas de nuestra Agrupación de Defensa Sanitaria Apícola, sino en amplias zonas de nuestra geografía. Además, la preocupación transmitida en estos años por los apicultores ha ido en aumento. Hemos tenido ocasión de comprobar también en los colmenares un aumento de la frecuencia e intensidad de infestaciones moderadas y graves. Intentaremos desgranar las causas a las que creemos que puede deberse este aumento de la virulencia de varroa en los últimos años.

Pérdida de eficacia de los productos acaricidas.

Este es quizás el problema más evidente que está aflorando desde hace unos años, la disminución generalizada de la eficacia de los acaricidas empleados para combatir la Varroa. Llevamos muchos años confiando en las mismas materias activas, no más de tres, que hemos usado con demasiada generosidad y muy poca coordinación. Con esta reducida oferta de acaricidas, la confianza inicial se ha tornado, después de 20 años, en incertidumbre.

Actualmente hay cuatro acaricidas de síntesis registrados en España como medicamentos veterinarios para su uso contra la Varroosis de las abejas. Los cuatro se administran mediante tiras que se suspenden entre los panales, con lo que parece que hay unanimidad en la forma de aplicación más ventajosa. Estas tiras de material plástico están impregnadas con el acaricida, que las abejas van adquiriendo cuando las rozan y van distribuyendo por toda la colonia. Han ido cambiando los métodos de aplicación hasta converger en estas tiras, pero no lo han hecho las materias activas usadas, que son básicamente las mismas o de naturaleza muy similar, y a las que Varroa va acostumbrándose cada vez más. Es una realidad tangible que el ácaro ya no muere tan fácilmente como hace 20 años. Se han descrito casos de varroas tolerantes al fluvalinato, amitraz, coumafos y flumetrina en uno o varios países, según estudios realizados en los últimos diez años. En 2006 se ha publicado un trabajo realizado conjuntamente por investigadores de la Diputación General de Aragón y de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza en el que se constata experimentalmente la existencia de varroas tolerantes al fluvalinato en España. Este es uno de los problemas más acuciantes de la lucha contra la Varroosis, la pérdida progresiva de eficacia de los acaricidas y la falta de renovación de las materias activas.

Ante el panorama no muy alentador de falta de eficacia de los acaricidas, es patente la necesidad de nuevas materias activas, la urgencia de una financiación específica y el uso de métodos alternativos a los químicos de síntesis en el control de la Varroosis en España.  Esta lucha supone una gran carga económica y física para los apicultores que el Real Decreto para la lucha contra las enfermedades de las abejas no alivia para nada. La situación no es fácil, pero hay que echar mano de todas las armas. No podemos seguir como hasta ahora porque la Varroa nos va ganando terreno, tenemos que establecer una estrategia de rotación de acaricidas que sea sostenible y coordinar al máximo los tratamientos contra Varroa en el tiempo y en el espacio. Los problemas de resistencias y residuos generados por la lucha química contra varroa, nos obligan a afrontar el futuro con mayor coordinación y disciplina, y esto puede conseguirse con mayor eficacia en el marco de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria Apícola.

Una estrategia sostenible implica disciplina en el uso de las materias activas. Si bien es cierto que hay resistencias de varroa, también lo es, y se ha comprobado científicamente, que si se suspende el uso de un acaricida durante unos años, éste va recuperando paulatinamente su eficacia mediante el fenómeno que se conoce como reversión. Esto se ha comprobado ya con el fluvalinato y puede ocurrir con el resto. Esto puede conseguirse con la rotación de materias activas, usar rigurosa y coordinadamente un acaricida mientras mantenga una eficacia significativa, pueden ser unos 4-5 años. Mientras tanto se recupera la eficacia de los productos más desgastados de manera que puede establecerse una rotación racional y duradera con 3-4 materias activas. Si no aseguramos una estrategia contra Varroa, el descontrol de la Varroosis irá en aumento y pueden desbocarse los problemas de resistencias y residuos.

Cambios en el comportamiento de Varroa

El cambio de nombre científico que ha sufrido nuestra Varroa, que ha pasado de tener el apellido “jacobsoni” a “destructor”, se debe a las diferencias morfológicas y genéticas entre las varroas que persisten en el sureste asiático y las que habitan en las colmenas europeas o americanas. Estas diferencias se han acumulado desde que este ácaro se convirtió en nuevo inquilino de las abejas de razas europeas y durante este tiempo parece que ha cambiado lo suficiente para constituir una nueva especie: Varroa destructor. Pero es muy posible, aunque no esté constatado, que el ácaro también haya sufrido cambios en el comportamiento que respondan a la gran presión selectiva que viene impuesta por el uso continuo de acaricidas.

El cambio de huésped ya le supuso a Varroa algunos ajustes en su biología pero hemos sido los apicultores con los continuos tratamientos acaricidas los que hemos impuesto a la Varroa una mayor presión. Son varias décadas forzando los cambios en el parásito para soportar la fuerte presión de los acaricidas y el ácaro nos lleva delantera. Tal vez sin ser conscientes de ello hemos transformado la Varroa original en otra más destructiva. Ahora tenemos una varroa mejor adaptada a la biología de nuestras abejas y cada vez más resistente a los acaricidas que empleamos para combatirla.

Pero a su vez, la Varroa también puede estar seleccionando nuestras abejas porque inevitablemente mueren colmenas todos los años por Varroa y por sus efectos colaterales, sobre todo durante los últimos 3-4 años. Es posible que haya indicios de comportamiento higiénico, que consiste en la detección y extracción de pupas parasitadas, como indica el apicultor J.L. Lera en el nº 144 de esta revista; es posible que nuestras abejas refuercen su tolerancia a las virosis transmitidas por Varroa, como la que produce la deformidad de las alas; pero los apicultores hacemos muy lenta esta selección favorable por el uso de acaricidas, en cambio aceleramos la selección de varroas más virulentas.  

En la estrategia contra Varroa deberíamos aplicar en lo posible métodos basados en el manejo como procurar periodos de ausencia de cría en la colonia. No estaría de menos adoptar algún tratamiento con productos orgánicos. Todo para disminuir al mínimo el uso de productos de síntesis, con lo que también reduciremos la virulencia de Varroa y el peligro de los residuos.

La cría operculada protege a la Varroa.

La cría operculada siempre ha sido un refugio para el ácaro Varroa, donde está a salvo de los acaricidas. A través de los poros del opérculo de cera apenas pasan las moléculas de dióxido de carbono y oxígeno, que son las implicadas en la respiración de las pupas. A pesar de que en los primeros años de Varroosis los productos aplicados alcanzaban una eficacia óptima incluso en presencia de abundante cría operculada, desde hace algún tiempo se ha constatado que se acentúa progresivamente el efecto protector de la cría operculada sobre Varroa, por la resistencia generalizada a las materias activas utilizadas y por otros cambios que este parásito pueda haber experimentado y que refuercen esta protección.

Como apuntamos en el apartado anterior, además de la resistencia fisiológica a los acaricidas, puede haber otros tipos de resistencia asociada a los cambios de comportamiento del ácaro, como la reducción progresiva del periodo forético, parte del ciclo vital  que el parásito pasa sobre las abejas adultas. Los dos tipos de resistencia pueden sumarse para intensificar el efecto protector de la cría operculada. Durante 20 años de lucha química contra Varroa, además de seleccionar los ácaros fisiológicamente más resistentes al contacto o ingestión de los acaricidas, también se ha podido forzar la selección en otros sentidos ventajosos para el parásito como la reducción del tiempo que necesita estar sobre las abejas adultas después de salir de la celda de cría, o al menos su reducción en ciertas épocas del año. Si este periodo, como tememos, se ha reducido sensiblemente, las hembras de Varroa están mucho menos tiempo expuestas a la acción de los acaricidas, que sólo pueden actuar durante esta fase. Es más difícil que una Varroa adquiera la dosis letal si se introduce más pronto en la cría operculada.

Que el ácaro Varroa es más difícil de ver en las abejas es un efecto que han percibido los apicultores con una larga experiencia. También son conscientes de que la eficacia de todos los productos cae más que antes a medida que aumentan los panales de cría operculada. No obstante, en ensayos llevados a cabo en estos dos últimos años, en los que hemos aplicado diversos acaricidas en ausencia total de cría, se ha podido constatar que sí que matan a las varroas cuando éstas no pueden refugiarse en el interior de las celdas de cría operculada: En 1 día se recogen en los fondos sanitarios más del 90% de las varroas y en menos de una semana la eficacia se aproxima al 99%.  

Otro indicio nos llega de la observación de los porcentajes de infestación máximos de la cría operculada. En observaciones realizadas a primeros de los años 90, los máximos de infestación solían situarse entre el 50-60% de la cría operculada parasitada y se daban en colmenas muy parasitadas, colonias desestructuradas con despoblamiento acusado, cría dispersa, efectos muy graves de la Varroosis. En los dos últimos años, hemos encontrado niveles de infestación de la cría entre el 70-100% (se refiere a nº de ácaros por 100 celdas de cría y hay que saber que hay celdas con parasitación múltiple), pero estas colmenas presentan infestaciones medias o altas en verano-otoño y a pesar de la elevada parasitación de la cría, no se observan efectos graves sobre la cría y abejas. Esto puede explicarse si el ácaro llega a concentrarse más que antes en la cría.

Estas colmenas pueden dar una impresión de sanidad errónea al apicultor, que vuelve a casa con cierta tranquilidad. Si el apicultor es algo más experimentado y aprecia varroas en las abejas o alguna con alas deformes, puede decidir realizar un tratamiento, que no será muy eficaz dada la elevada parasitación de la cría y su efecto protector sobre Varroa. De cualquier forma, una parasitación tan elevada implica el nacimiento de muchas abejas debilitadas, con menos capacidad para nutrir bien a la cría y con menos defensas contra infecciones, de tal manera que estas colmenas dan un vuelco repentino en su estado, se degradan en unas semanas y dan sorpresas muy desagradables a los apicultores. Aunque seguiremos investigando este extremo, estos datos son consistentes con un periodo forético menos variable, de manera que se producen picos de parasitación de la cría mucho mayores que antes.

Tanto la pérdida de eficacia de los acaricidas como el efecto protector de la cría operculada nos obligan a echar mano del repertorio de lucha biotecnológica y más concretamente de la ausencia de cría en la colmena como fórmula para conseguir un control más eficaz de Varroa. El apicultor puede provocar la ausencia de cría mediante la renovación forzada de reinas, mediante la enjambrazón artificial y también durante la invernada en zonas frías. Este último método nos parece aplicable a un espectro muy amplio de apicultores, porque una mayoría tiene acceso a asentamientos donde se produce una parada otoñal de la cría. Unos porque viven en estas zonas y otros porque acceden a ellas durante la trashumancia de verano. Aprovechar esta parada invernal no suele suponer un esfuerzo adicional para el apicultor ni tiene por qué repercutir negativamente en las colmenas. En cambio, una parada de cría de un mes puede disminuir la población de varroa en un 40-50% de forma natural y si la enlazamos con un tratamiento acaricida vamos a conseguir eficacias próximas a las que nos prometen siempre en los prospectos de los productos comerciales contra Varroa: Cerca del 99%.

Evolución de Varroa  en colmenas debilitadas.

Está claro que “a perro flaco todo son pulgas” y este refrán es plenamente aplicable a esta situación de sequía de 2003-2004. Esta situación nos ha servido para ver claramente que las abejas andan cada vez más acosadas por infecciones diversas que les causan una pérdida de vigor casi crónica y les acortan su esperanza de vida. Esto se traduce a nivel de la colmena en un despoblamiento más o menos acusado y una mayor incidencia de patologías infecciosas oportunistas.

Aunque no se tenga clara la responsabilidad de algunos factores en el episodio de despoblamiento reciente, lo que no debemos olvidar es que la Varroa también aprovecha estas circunstancias de debilidad de las colmenas. En estas colmenas despobladas, el parásito aumenta su población a un ritmo mayor que en las colmenas populosas y existen algunas razones que nos pueden ayudar a comprender este hecho.

Las colmenas despobladas tienen un índice ABEJAS/CRIA muy bajo. Este índice intenta hacernos ver que cada larva necesita un número mínimo de abejas nodrizas para ser criada óptimamente. Quiere decir esto que cuando hay pocas nodrizas, las larvas sufren carencias, tanto en la calidad del alimento, como en la cantidad y también en la temperatura del nido. Todos estos factores redundan en un retraso en el desarrollo de la cría y una prolongación de la fase de cría operculada: Lo normal son unos 12 días, pero en colmenas débiles puede llegar casi a 13. Como sabemos, la duración de este periodo repercute directamente en la multiplicación de Varroa, que aumenta con la prolongación de fase de cría operculada. Si recordamos el ciclo de Varroa, en esta situación hay más hembras hijas que alcanzan la madurez antes de nacer la abeja. En el caso de la cría de zánganos, este efecto es muy superior, dado que ésta suele situarse en la periferia del nido y su duración en estas colmenas puede superar los 15 días.

Los apicultores observadores se habrán dado cuenta de otro fenómeno que incide en las colmenas debilitadas por Varroosis o Micosis. Si en un colmenar comparamos la extensión del nido de cría de colmenas sanas y otras afectadas de una de estas dos patologías, en una situación fuera de la arrancada primaveral y exceptuando colmenas en estado terminal de Varroosis, nos daremos cuenta de que invariablemente, la superficie y el nº de panales de cría será mayor en las colmenas enfermas. Esto puede parecer chocante, pero mientras las colmenas con Varroa o momias de pollo escayolado no se colapsen, intentan criar más para compensar la pérdida de abejas debida a estas patologías. En un intento de restablecer la relación óptima de ABEJAS/CRIA, estas colmenas sobrecargan sus nodrizas con un exceso de cría, lo que en vez de ayudar empeora su situación. Las nodrizas se sobrecargan, la temperatura del nido baja, la nutrición de las larvas es insuficiente y estas colmenas caen en la situación comentada anteriormente: En la cría enfriada, la micosis se encuentra más a gusto y la prolongación de la cría operculada aumenta la tasa de multiplicación de Varroa.

Hemos exceptuado de esta situación la arrancada primaveral porque en estas condiciones las colmenas sanas y con una reina normal superan con creces a las colmenas debilitadas o con reinas de calidad inferior. Aquí se impone la capacidad máxima de puesta de la reina y una sana proporción de ABEJAS/CRIA. En estas condiciones, la cantidad de cría aumenta en las colmenas sanas a tal velocidad que las hembras de Varroa sólo pueden infestar una pequeña proporción de celdas, con una repercusión ligera en estas colmenas. En cambio, las colmenas debilitadas, con un potencial menor en primavera, van a tener una proporción de cría infestada creciente y su pronóstico va a ser malo incluso en una época favorable. Esta suele ser la explicación más probable de por qué en primavera persisten en un mismo colmenar, colonias sin efectos aparentes y otras con un nivel inesperadamente alto de infestación.

Pero además, en estas colmenas debilitadas se descuidan otras labores normales de la colonia y esto también tiene una repercusión clara en el curso de la infestación o en el pronóstico de la micosis, ya que disminuye el comportamiento higiénico de extracción y eliminación de la cría afectada, que aunque en el caso de la Varroosis no sea muy eficaz, sí lo puede ser en el caso de la micosis o en la loque americana.

En resumen, todos estos factores nos llevan a una conclusión bastante clara: Los efectos de Varroa se acentúan en las colmenas debilitadas por cualquier causa, son más intensos que en las colmenas vigorosas y, por lo tanto, pueden haber jugado un papel muy importante en el debilitamiento observado en estos últimos años.

Patologías asociadas a la Varroosis.

La Varroosis ha actuado de detonante para algunas virosis ubicuas de las abejas y también ha sido el vector que nos ha introducido nuevas virosis (como el virus de Cachemira). El efecto más pernicioso de estas virosis es la disminución progresiva de la vida de las abejas, es decir despoblamiento. Este efecto se acentúa con la infestación de Varroa pero puede perdurar aunque se hayan tratado las colmenas. Así, desde la entrada de la Varroosis podemos decir que las colmenas padecen infecciones casi crónicas de virus alentados por la parasitación de Varroa y que éstas conllevan una disminución crónica de la esperanza de vida de las obreras. El efecto en las colmenas no es fácil de detectar, sólo los apicultores experimentados, los anteriores a la era de la Varroa, pueden llegar a percibir estos efectos en sus primeras fases. Las obreras no duran tanto, mueren de forma natural pero mucho antes, con lo que no hay abejas muertas en la piquera ni en el colmenar pero sí se nota un ligero o moderado despoblamiento en las colmenas.

Con infestaciones ligeras y medias de Varroa puede ya iniciarse este fenómeno y aunque no se vean los ácaros, sí que pueden percibirse estos efectos. Para observarlos se pueden comparar las arrancadas primaverales de colonias con una infestación ligera-media de Varroa y otras con una infestación casi nula.

La mayoría de los casos de micosis y loque americana que se han presentado en los últimos años también tienen una relación directa con los efectos de Varroa. Si a esto sumamos los inducidos por las virosis, llegamos a concluir que la Varroosis ha jugado un papel importante en la mortalidad de colmenas durante los últimos años, por el debilitamiento que producen los brotes más intensos, por la pérdida de defensas naturales y por la elevada incidencia de las infecciones secundarias, que aprovechan estas circunstancias inducidas por la Varroosis.

Por supuesto, hemos tenido ocasión de comprobar en campo gran parte de la información ofrecida, directamente en las colmenas pertenecientes a nuestras ADS, pero también intercambiando información con apicultores y técnicos de otras zonas de España.  Hay multitud de colmenares con efectos persistentes de Varroosis y como hemos visto hay razones que explican esta grave persistencia en los últimos años. Sus efectos están fuera de control y los apicultores se sienten agobiados porque las medidas que antes bastaban, ahora son insuficientes. Hemos podido comprobar durante la realización de ensayos de eficacia de acaricidas, cómo después de una fuerte infestación por Varroa aparecían colmenas con síntomas de micosis y, más raramente, loque americana. De hecho, el reciente aumento de la incidencia de la micosis, con niveles de hasta un 15-20 en algunas explotaciones comienza a ser muy preocupante.

En cambio, la incidencia de casos graves de nosemosis, es decir aquellos en los que concurren una debilidad patente de las colmenas con una elevada presencia de esporas en muestras observadas al microscopio óptico, no ha ido en aumento. Fue de un 6% en 2004, alrededor del 3% en 2005 y del 2% en 2006 en las colmenas de nuestra ADS. Aunque es un supuesto poco probable, no descartamos que hubiera algún apicultor que no comunicara algún episodio, pero aún así, esto no modificaría sustancialmente los porcentajes indicados. No poseemos datos anteriores a 2004, por lo que no podemos establecer la magnitud de este repunte de la nosemosis, posiblemente inducido por la sequía ya mencionada, pero en todo caso nos movemos en unos porcentajes bajos, a pesar de la aparición de la nueva especie Nosema ceranae. Aunque haya una presencia de esta Nosema en un porcentaje considerable de colmenas en España, lo cual nos obliga a no bajar la guardia, esto no quiere decir que estas colmenas padezcan nosemosis o la puedan padecer de inmediato, si no existe algún factor externo previo que incide en el vigor de las colmenas.

Después de lo dicho, resulta evidente que ahora las colmenas tienen más problemas sanitarios y sufren más durante épocas adversas, pero tampoco hay que olvidar que en zonas extensas del centro de España, con un clima extremo, las colmenas han sufrido episodios de mortalidad elevada en el pasado. Decía un viejo apicultor salmantino que en el año 1959 ya hubo un episodio similar de pérdidas cuando todavía practicaban la apicultura fijista con corchos. Entonces no tenían todavía ni Varroa ni la nueva Nosema, ni los efectos de los nuevos plaguicidas. Muchos apicultores recordarán el antiguo, breve y sabio, dicho castellano referido a la apicultura: “De una mil y de mil una”.